El comienzo en la enseñanza

Miguel Martínez Hernández primer dan de Aikido por Hombu Dojo, el sempai, ha empezado una etapa nueva en el Aikido, comenzando a dar clases.

Por ello le animo a seguir en esta via o camino y poder tener la oportunidad de desarrollar el aikido que llevas dentro. Animo, suerte y adelante.

Tu maestro y amigo te desea una feliz travesia en tu nueva andadura.

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Virtudes que debían ser la guía del Bushi

– Rectitud.
– Justicia.
– Valor.
– Audacia.
– Resistencia (no solo física).
– Piedad.
– Cortesía (imprescindible en Japón).
– Sinceridad.
– Honor (en su grado máximo y definitivo).
– Fidelidad.
– Control de sí mismo.

Se podria añadir:

– Modestia, ya que en Japón hay un proverbio que dice: “La espiga de arroz cuanto más madura, más baja la cabeza”, y de hecho el guerrero fanfarrón y pendenciero estaba mal considerado entre los de su clase.

Como comentario a la Rectitud, decir que, el guerrero debía conducirse conforme a la razón, de modo que debía “morir cuando se debe morir, herir cuando se debe herir”, no se veía con buenos ojos al Bushi que desperdiciaba su vida, que corría peligros irreflexivamente, ya que el valor, según Confucio, es “saber lo que es justo, y hacerlo”. Se decía que morir por una causa no digna era muerte de perro; un príncipe de Mito decía que “es fácil hacerse matar penetrando en lo más duro de la batalla, eso puede hacerlo cualquier patán, el verdadero valor consiste en vivir cuando es preciso vivir y morir sólo cuando hace falta morir”. Esta frase resultaba dura y difícil de comprender para algunos Bushi, cuyo desorbitado sentido del honor hacía que buscasen la muerte, tanto por su propia mano como en el centro de la batalla, como expiación de una presunta falta, que su honor no consentía en sí mismo. Bien es cierto que parte de este sentimiento podía ser producido por la vida espartana a que eran sometidos los Samurais desde niños, y debían pasar pruebas muy duras; incluso, y ya que en esa época eran muy frecuentes las ejecuciones por decapitación, se les obligaba a asistir a las mismas y luego, por la noche, se les enviaba a visitar el lugar de la ejecución y como prueba de esa visita debían dejar una determinada marca en una de las cabezas cortadas.

Las competiciones y el Aikido

A menudo se dice que el Aikido no tiene competiciones. Esto es así porque el Fundador del Aikido (O Sensei Morihei Ueshiba) creía que la competición era incompatible con el Aikido, lo cual no significa que todo el mundo este de acuerdo. Un estilo popular, como el Aikido Tomiki, tiene competición. Aunque no es considerada una parte del principal del estilo. En cambio, la mayoría del Aikido que se enseña no tiene ninguna competición. Además el entrenamiento de Aikido, al igual que en las escuelas con competiciones, está basado en un sistema de cooperación, en lugar de en un sistema de naturaleza competitiva entre ambos, el que en principio se defiende (tori) y el que inicia el ataque (uke), trabajando como compañeros e intentando optimizar la experiencia del otro.

Esta “sociedad de funcionamiento” también es necesaria:

  1. Para minimizar las lesiones al practicar las técnicas de Aikido (potencialmente peligrosas).

  2. Para desarrollar la capacidad de ambos compañeros para “recibir el ukemi”, relajarse y ser hábil para tomar con cuidado la “caída” o mantenerse en una situación marcial.

Morihei Ueshiba, el Arte de la Paz

Morihei Ueshiba (1883-1969) fue el más grande maestro de artes marciales de la historia. Aun siendo un anciano de ochenta años, podía desarmar a cualquier enemigo, vencer a cualquier número de atacantes e inmovilizar a un oponente con un solo dedo. Aunque invencible como guerrero, Morihei era sobre todo un hombre de paz que detestaba las peleas, la guerra y toda clase de violencia. Su camino era el Aikido, que puede ser traducido como “ El Arte de la Paz”.

En su juventud Morihei sirvió en la infantería en la guerra ruso- japonesa; luego enfrentó a piratas y bandidos durante una aventura en Mongolia y después de dominar varias artes marciales, fue instructor de las academias militares de elite en Japón. Sin embargo, durante toda su vida, Morihei sentía una dolorosa inquietud por las luchas y enfrentamientos que plagaban su mundo; las batallas de su padre con políticos corruptos y sus mercenarios, la devastación de la guerra y la brutalidad de los líderes militares de su país.

Morihei se encontraba en una búsqueda espiritual y tuvo tres visiones que lo trasformaron. La primera ocurrió en 1925, cuando tenía 42 años. Después de vencer a un espadachín de alto rango al evitar todos sus avances y cortes (Morihei estaba desarmado), salió a su jardín. “De pronto, la tierra temblo. Un vapor dorado surgió del suelo y me envolvió. Me sentí transformado en una imagen dorada y mi cuerpo parecía tan liviano como una pluma. Repentinamente comprendí la naturaleza de la creación; el Camino del Guerrero debe manifestar el Amor Divino, un espíritu que abraza y nutre a todas las cosas. Lágrimas de gratitud y de gozo corrían por mis mejillas. Vi a la tierra entera como mi hogar, al sol, la luna y las estrellas como íntimos amigos. Todo apego a las cosas materiales se desvaneció”.

Vi a la tierra entera como mi hogar, al sol, la luna y las estrellas como íntimos amigos. Todo apego a las cosas materiales se desvaneció”.

La segunda visión tuvo lugar en diciembre de 1940. “Alrededor de las dos de la mañana, mientras practicaba una purificación ritual, olvidé de pronto todas las técnicas de arte marcial que había aprendido. Todas las técnicas que mis maestros me habían transmitido aparecieron completamente renovadas. Ahora, eran de vínculos para el cultivo de la vida, el Conocimiento, la Virtud y el Sentido común en vez de recursos para derribar e inmovilizar a la gente.”

La tercera visión sucedió en 1942, durante la peor de las batallas de la segunda guerra mundial y en uno de los períodos más oscuros de la historia humana. Morihei vio un Gran Espíritu de la Paz, un sendero que podría conducir a la eliminación de toda lucha y a la reconciliación de la humanidad. “El Camino del Guerrero ha sido mal interpretado como medio de matar y destruir a otros. Aquellos que buscan competencia cometen un grave error. Golpear, lastimar o destruir es el peor pecado que un ser humano puede cometer. El verdadero Camino del Guerrero debe impedir la matanza, es el Arte de la Paz, el poder del amor”. A partir de ese momento, Morihei se retiró al campo y dedicó cada minuto de su vida a refinar y difundir el Aikido.

Entrevista S. Endo 2010

Seishiro Endo es un profesor japonés de Aikido y Aikikai Hombu Dojo Shihan, que actualmente es 8º dan. Nació en Nagano y estudió en el Aikikai Hombu Dojo desde 1964. Actualmente Endo Sensei da clases regulares en el Hombu Dojo y en la Universidad Gakushuin Dojo, Tokio. También ofrece numerosos seminarios en varios dojos por Japón, Europa y Norteamérica.                           P: Tengo entendido que experimentó un gran cambio cuando entró en sus 30. S.E: Cuando tenía exactamente 30 años me disloqué el hombro derecho. Este acontecimiento desencadenó un giro en mi modo de acercarme al Aikido. Estando en esas condiciones, Seigo Yamaguchi me dijo: “Ud. estuvo practicando Aikido por 10 años, pero ahora sólo tiene su brazo izquierdo…qué va Ud. A hacer?”. Hasta ese momento yo no había practicado mucho con Yamaguchi Sensei, pero después de su comentario decidí ir a sus clases tantas veces como pudiera. Yo empezaba a darme cuenta de cuanto dependía de mi fuerza en los hombros y los brazos; y me había preguntado si era posible continuar con Aikido en esa forma. Con tales cosas en mente, la pregunta de Yamaguchi fue el empujón que me faltaba para acceder a mi próximo nivel de práctica. Aproveché esta oportunidad para cambiar en 180 grados mi forma de acercarme al Aikido. A todo el mundo le han dicho por lo menos una vez: “Quita la fuerza de tus hombros”. Yamaguchi Sensei también hablaba de practicar Aikido sin la ayuda de la fuerza. Por supuesto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Cuando uno trata de sacar la fuerza de sus hombros a menudo el Ki se va con ella. Se puede hacer también una comparación con el esquí: haciendo todo lo posible por imitar al profesor, uno mejora rápidamente. Pero las cosas comienzan a fallar cuando uno intenta hacerlo por su cuenta. Yo experimenté algo similar en mi intento por librarme de la fuerza. Podía hacerlo cuando Yamaguchi se encontraba por ahí tan pronto se iba, me sentía incapaz. Era muy frustrante y siempre terminaba practicando a mi modo. Luché con este problema cerca de medio año. Creo que fue Shinran (1173-1263, Fundador de la secta de budismo “Tierra Pura”), quien dijo: “incluso cuando lo que dice mi maestro me parece un error, incluso si me parece que estoy equivocado, tengo absoluta confianza en lo que debo hacer y sigo el camino de mi maestro, incluso si me conduce directamente al infierno.”. Yo pensé: “¿Por qué no?”, si voy a perder mi camino por Yamaguchi Sensei, que así sea. A todo esto Yamaguchi Sensei me había dicho: “Incluso si no entiendes mi palabra, toma lo que digo y hazlo, sólo dale 10 años más o menos…”. Eso fue lo que hice. En vez de tratar de desprenderme de la fuerza (y volver a ella cuando la técnica no funciona), decidí explorar únicamente la forma de la “no fuerza” sin que me importara el resultado. De todos modos, aunque ya estaba seguro en mi mente, las condiciones de práctica no cambiaron. No tardé en darme cuenta de que mis compañeros de práctica no caían cuando yo trataba de tirarlos sin fuerza. No me quedaba otra alternativa que decirles: “No puedo hacer esta técnica aún, pero ¿puedo pedirte que tomes ukemi de todos modos?”. Era una pregunta inusual para un cuarto Dan y la gente quedaba un poco sorprendida. Así fue como comencé a practicar de este nuevo modo, teniendo especial cuidado de no frustrarme o irritarme porque sabía que eso me llevaría directo hacia la fuerza. Mientras Yamaguchi Sensei me tiraba, murmuraba cosas como: “Cuanto más dejes ir tu fuerza, más se concentrará tu Ki.” o “Concentra tu fuerza en el bajo vientre.”. Yo trataba de prestar atención a lo que hacía cuando tomaba ukemi y creo que después de algunos años comencé a darme cuenta de lo que hablaba y de lo que hacía. Sabía que finalmente había encontrado una forma de práctica para mí. Desde entonces trabajé en una técnica por vez exclusivamente. Por ejemplo no hacía nada más que Ikkyo (Shomenuchi) por medio año. Entrenando de este modo comprendí profundamente cada técnica. Me ayudó a darme cuenta que debía encarar cada técnica, en cada diferente situación, y también del principio básico de cada técnica (que se puede aplicar a otras). En aquellos tiempos cuando enseñaba, solía decir cosas como: “Obsérvense atentamente y sientan qué están haciendo” o “sientan a su compañero y observen la relación entre Ud. y él”. Por “Ud.” yo quería decir estado mental y balance físico, así como la relación entre ambos. Hay una expresión: “Mente, técnica y cuerpo son uno sólo.”. Cuando la mente está en desorden, al cuerpo le es imposible moverse efectiva y eficientemente. Del mismo modo un cuerpo fuera de balance, puede agitar la mente al punto tal que le es imposible comprender la relación que hay entre uno y el compañero, relación que en definitiva indica qué técnica corresponde. Una vez hecho el contacto inicial (Aiki), moviendo el cuerpo adecuadamente (Taisabaki) y desequilibrando al compañero (Kusushi), es imprescindible percibir qué técnica es la que surge espontáneamente de la relación entre uno y el compañero. O´Sensei hablaba de: “Hacerse uno con el cosmos” o “Ser uno con la naturaleza”. Una forma de interpretar esto es intentar de no forzar la técnica de acuerdo con nuestra propia y única voluntad, no insistir en completar la técnica que uno ha elegido; deberíamos en cambio, percibir la técnica que surge naturalmente. Nosotros practicamos Aikido yendo a través de las técnicas una por una, repitiendo lo que nuestro profesor nos muestra. Eso significa que debemos hacer esa técnica en particular sin importar lo que suceda (incluso si implica un grado de esfuerzo excesivo), en otras palabras, incluso si involucro movimientos que no surgen naturalmente. Es importante ser capaz de observarse a uno mismo para reconocer ese esfuerzo innatural como tal. Se necesita ser lo suficientemente perceptivo y objetivo para decirnos a nosotros mismos cosas como: “La técnica estuvo bien pero el encuentro (Aiki) con mi compañero no está funcionando”. Es importante chequearse constantemente y vigilar la conciencia de si los movimientos son o no naturales. Fue después de que comenzara a entrenar sin fuerza, que pude cambiar inmediatamente la técnica que estuviera haciendo a otra. Esto es lógico porque a menos esfuerzo empleado, más fácil es cambiar a otra cosa. Practicando de esta manera recordé las palabras de O´Sensei: “Cuando es así tu haces esto, cuando es de esta forma haces esto otro…”. El nunca hacía lo mismo dos veces. Yo pensé: “Creo que sé a que se refiere”. Con esta clase de perspectiva, nunca se utiliza demasiada fuerza, porque cada uno cambia a otra cosa según se necesite. Imagine un río con rocas en él. Cuando el agua se encuentra con rocas pequeñas, fluye sobre ellas. Cuando se encuentra con rocas más grandes, fluye alrededor de ellas. Incluso si se contiene su cause, el agua no se detiene, y en realidad su energía potencial sigue allí arremolinándose y acumulándose detrás de la presa, tratando de quebrarla o rebalsarla. Aikido es igual, no es un “camino de vida” si uno limita el encuentro a una técnica en particular. Es importante ser capaz de cambiar y hacer otra cosa apenas las condiciones cambian, y suspender lo que uno está haciendo para obtener el efecto deseado. No se trata de fluir hacia algo diferente cuando uno se encuentra bloqueado, es también necesario investigar como “ahorrar energía”. Además todos tenemos posibilidades sin desarrollar, por lo tanto deberíamos pensar como sacarlas a relucir aplicando aquella energía latente. En el “Tora no Maki”, una obra que según se dice contiene los secretos más profundos de las artes marciales y la estrategia, se comenta: “Lo que llega es recibido, lo que se va, es enviado en esa dirección; lo que está en oposiciones, armonizado. Cinco y cinco es diez, dos y ocho es diez, uno y nueve es diez. De esta manera las cosas deberían armonizarse. Distinguir apariencia de realidad, comprendiendo el propósito verdadero y la estrategia oculta; conocer la potencialidad inadvertida y las implicaciones escondidas. Comprender tanto el plan general como así también prestar atención a los detalles y particularidades tanto como sea necesario. Cuando uno se encuentra frente a una situación de vida o muerte responder a los cambios que tiene lugar y enfrentar la situación con la mente libre de agitación”. Este corto pasaje me proveyó de un vasto alimento para mis pensamientos. P: ¿Esas palabras pueden ser aplicadas tanto al Aikido como a la vida en general? S.E: Exacto nosotros aprendemos tales cosas a través de la práctica, pero en realidad la mayoría de nosotros pasa más tiempo fuera del dojo que en él, por lo tanto sería extraño no darse cuenta de que lo que aprendemos en el dojo es extensivo a otros aspectos de la vida. No es del todo apropiado hablar de ganar o perder cuando se habla de Aikido, pero la mejor victoria es, creo, cuando se logra armonía con el oponente y ambos sienten esa armonía. Desde mi punto de vista la mejor técnica es aquella en que no se experimentan por parte de los practicantes sentimientos como ser derrotado o ser vencedor, sino el de un ”encuentro exitoso”. Este encuentro existe incluso si sólo sucede una vez en un millón. Nuestra meta es hacer que ocurra una vez en medio millón, una vez en cien mil. Que esto ocurra dependerá de que tan seriamente una persona aborde su entrenamiento. Para mi esto es muy importante, sentir la relación con su compañero. Cuando determinada técnica se vuelve perfecta, sólo es perfecta en ese momento; cuando el encuentro entre uno y el compañero fue defectuoso, una técnica no puede volverse perfecta. Cuando esto sucede uno no debería evitarlo, sino aceptar la imperfección y considerar como se puede aprovechar lo que tiene. En otras palabras tratar de lograr lo mejor de la relación. P: Cree Ud. que Ki no Nagare (El fluir del Ki o técnicas fluidas) es un elemento importante en el Aikido? S.E: Si Ud. se refiere a técnicas antes de que me agarren o proyectar a mi oponente sin tocarlo, la respuesta es no, eso no es parte de mi Aikido. Cuando yo hablo de deshacerse de la fuerza no estoy hablando solamente de deslizarse suavemente en la técnica justo cuando se produce el agarre. Yo me refiero a algo que no es sólo físico, algo que tiene que ver tanto con la mente como con el espíritu, además de con el cuerpo. Los movimientos suaves no pueden ser efectivos si la mente no está tranquila o uno no la puede usar en forma efectiva. Por ejemplo, yo digo a menudo durante la práctica que cuando el compañero agarra fuertemente lo primero que hay que hacer es concentrarse mentalmente en poner todo su ser dentro del agarre. Cuanto más fuerte el agarre, más profundo uno entra en él. No es correcto tratar de hacer la técnica solamente con los dedos, la muñeca o el brazo. Uno debe tomar el centro del compañero con el propio, una clase de interacción que de forma natural permite sentir la dirección de la fuerza y energía del compañero. Un practicante europeo me dijo una vez: “Muchos Shihan están diciendo siempre que no use la fuerza, pero luego parece que ellos ponen mucha fuerza en sus técnicas. Ud. es el único que hace la técnica sin usar ningún tipo de fuerza aparente”. Me sentí satisfecho de escuchar esto porque confirma que mi forma de encarar el Aikido no es equivocada. (…) Si la práctica de Aikido fuera solamente practicar la forma (Kata) entonces uno debería hacer una técnica correcta y el compañero tomar ukemi. Pero la forma de Aikido no siempre es suficiente. Tratando de hacer cualquier técnica puede uno encontrarse haciendo un esfuerzo excesivo. Cuando uno se ve haciendo esto, hay una oportunidad de dar un paso atrás y preguntarse qué está fallando. El problema está en cómo se llevó a cabo el encuentro inicial. ¿Está uno desequilibrando correctamente al compañero?¿Se maneja un timing y una distancia correcta? ¿Se utiliza correctamente la respiración (Kokyu no Ryu)? ¿Hay algún problema con el método en general? Uno de los objetivos de la práctica en general es tratar de darse cuenta que está haciendo uno mal y planear que hacer al respecto. El primer paso es, por supuesto, ser capaz de reconocer (o sentir) cuando uno se topó con una limitación. Ser incapaz de reconocer cuando uno involucró excesivo esfuerzo (es decir estar tan apegado que uno no puede hacer otra cosa) es una mentalidad rígida que no es diferente del mero “esperar la muerte”, no hay evolución ni progreso. Estoy hablando de la importancia de varios conceptos distinto como “Mutabilidad” (Henka), “Fluir” (Nagare) y evitar el esfuerzo excesivo, pero todo esto habla de algo más profundo.

Ha fallecido SUGANO SHIHAN

El 29 de Agosto de 2010 falleciò Seiichi Sugano Sensei en Nueva York.

Sugano Sensei, nacido en Japòn en 1939, estuvo entre los ùltimos uchideshi que acompañaron a O Sensei en al Aikikai Hombu Dojo en Tokyo.

En 1965 fue despachado a Australia donde dirigiò las actividades del Aikido australiano durante 13 años y luego fue enviado a Bèlgica, enseñando tanbién en el resto de Europa.

En 1988 se mudò a Nueva York donde perteneciò muy activamente al New York Aikikai hasta su muerte.

Formas de respirar

Podemos clasificar cuatro formas de respiración:                                      -Clavicular: es la realizada por la parte superior de los pulmones. Debido a la forma piramidal de los sacos pulmonares, éste es el tipo de respiración que menos cantidad de oxígeno provee al organismo.                                             -Costal: es la realizada por la parte media de los pulmones a nivel costal. Es raro que este tipo de respiración se produzca sola, estando siempre acompañada de una respiración clavicular o abdominal.                     -Abdominal: se realiza en la parte baja de los pulmones, y permite mayor ingreso de oxígeno que las anteriores debido también a la forma piramidal de los sacos pulmonares.                                                                                            -Respiración completa: Se produce por el total llenado de los pulmones, incluyendo la parte baja, media y alta de los mismos. Se realiza de forma pausada, y sin forzar la capacidad pulmonar.

Hakama

Un hakama es esa pollera-pantalón que algunos aikidokas usan. Es una pieza tradicional de la indumentaria samurai. El dogi estándar usado en Aikido así como también en otras artes marciales como Judo o Karate era originalmente la ropa interior. Su uso es parte de la tradición de (la mayoría de las escuelas de) Aikido.Los  hakama originalmente tenían la intención de proteger las piernas de los jinetes de la maleza, etc.- no diferentes de los zahones de cuero de los cowboys. El cuero era muy difícil de obtener en Japón, así que se usaba ropa gruesa en su lugar. Después de que los samurai fueron desmontados como clase y se convirtieron en soldados de infantería, persistieron  en usar las vestiduras de jinete porque los separaba y los hacía fácilmente identificables.Existían diferentes estilos de  hakama. El tipo usado por los artistas marciales de hoy – con “piernas” – se llama joba hakama, (aproximadamente, cosa para montar en la cual uno se mete). Un hakama que era una especie de pollera tubo – sin piernas – otro, y el tercero era una versión larga del segundo. Éste era utilizado en visitas al Shogun o al Emperador. Medía entre 3,6-4,5 metros de largo y se doblaba varias veces y se ubicaba entre los pies y por detrás del visitante. esto hacía necesario shikko (caminar de rodillas) para la audiencia y hacía improbable  que pudieran ocultar un arma (los sirvientes los usaban). o levantarse rápidamente para hacer un ataque.

Se dice que los 7 pliegues  en el hakama (5 en el frente, 2 en la parte de atrás) tienen el siguiente significado simbólico:

  1. Yuki = coraje, valor, valentía
  2. Jin = humanidad, caridad, benevolencia
  3. Gi = justicia, rectitud, integridad
  4. Rei = etiqueta, cortesía, civilidad (también significa reverencia/rendir tributo a alguien)
  5. Makoto = sinceridad, honestidad, realidad
  6. Chugi = lealtad, fidelidad, devoción
  7. Meiyo = honor, crédito, gloria; también reputación, dignidad, prestigio

En muchas escuelas sólo los cinturones negros usan hakama, en otras todos lo hacen. En algunos lugares las mujeres pueden empezar a usarlo antes que los hombres (generalmente el pudor femenino es la explicación – recuerde, un gi era originalmente la ropa interior).

O´Sensei era bastante enfático en el hecho de que todos usaran hakama, pero él venía de un tiempo y cultura no demasiado distantes del que el uso del hakama era como el de ropa formal estándar.

“La mayoría de los estudiantes era demasiado pobre para comprar un hakama pero se exigía usar uno. Si no podían conseguirlo de un pariente mayor, tenían que quitarle la funda a un viejo futon, cortarla, teñirla, y dársela a una costurera para convertirla en un hakama.
Sin embargo, puesto que debían usar tintura barata, después de un tiempo el colorido estampado del futon comenzaría a entreverse y la pelusa del futon comenzaría a tratar de escaparse de la tela. “

POLLO TERIYAKI (Para 4 personas)

Ingredientes:
8 muslos de pollo.
125 c.c de salsa de soja japonesa.
2 cucharadas de mirin.
1 cucharadita de azúcar.
Aceite vegetal para freír.

Preparación:
En un cazo, mezclamos la salsa de soja y el mirin con el azúcar, y lo removemos a fuego lento hasta que el azúcar se disuelva. Subimos la llama y, cuando rompa a hervir, lo reducimos al mínimo y mantenemos la cocción durante un par de minutos con el cazo tapado.
Calentamos aceite en una sartén grande y honda, y freímos los muslos de pollo por tandas hasta que cobren un color uniforme dorado.
Devolvemos todo el pollo a la sartén y derramamos la salsa. Tapamos el recipiente y mantenemos la cocción durante veinte minutos, hasta que el pollo obtenga una textura tierna.
Repartimos los muslos en cuatro raciones y l servimos acompañado de arroz cocido al vapor.

Cuento japones, la montaña crujiente

Erase una vez un abuelito y una abuelita vivían solitos en una casita.
Cada día el abuelito se iba a trabajar en el campo, y mientras sembraba
arroz cantaba:
“Un grano, y de él miles.”
Cada día también venía después de el abuelito un tejón, que cantaba:
“Un grano y uno solo. Y todos me los comeré.”
Y cuando el viejecito volvía al campo el día siguiente, veía que no le
quedaba ni un solo grano. Por culpa de esto, los abuelitos vivían
pobremente.
Un día el abuelito, al ver que otra vez el tejón se había comido todo, se
enfadó tanto que decidió atrapar al tejón. El abuelito empezó a sembrar y
cantar, como siempre, hasta que por fin llegó el tejón. De repente, el
abuelito dio un salto, y en un abrir y cerrar de ojos atrapó al tejón malo y
le ató con una cuerda fuerte.
Cuando el abuelito llego a casa con su prisionero, le dijo a la abuelita:
“Abuelita, ven y mira lo que cogí hoy. Calienta la cazuela y haznos un buen
cocido de tejón.” y el abuelito volvió al campo.
La abuelita empezó a moler arroz para hacer galletas para la cena.
El tejón, que era muy taimado, le dijo a la abuela: “Abuelita, mira que eso
de moler arroz, usted solita, a sus añitos, deberá ser mucho trabajo. ¿Por
qué no me desata para poder darle una mano?” La abuela vacilo, pensando
que el abuelito se enfadaría. Pero él tejón insistía tanto como quería
ayudarla que, al fin, la abuelita decidió dejarle suelto para un poquito. A lo
primero el tejón fingió ayudarla y cogió el mano de mortero; pero en vez de
moler arroz le dio un bastonazo a la abuelita sobre la cabeza y se fugó
corriendo. Cuando el viejecito llegó a casa y encontró a la viejecita ya
muerta, se puso a llorar. Una liebre, viéndole llorar, le pregunto el por qué de sus lagrimas, y el viejecito le contó su historia. “Vale, yo me he de vengar por
ti.” dijo la liebre, y se fue hacia las montañas.
La liebre se puso a recoger leña. Después de un rato, el tejón se acerco y le
preguntó que qué hacía. “Este invierno va a ser muy frío, y me estoy
preparando,” le contesto. El tejón pensó que esto era una buena idea y
empezó a ayudar a la liebre. Pronto, tenían un buen montón de leña. Se
montaron la leña sobre la espalda y empezaron a bajar la montaña. A
medio camino, la liebre empezó a quejarse: “¡Como pesa! ¡Ay, como pesa!”
El tejón, para ayudar a su nuevo amigo tanto como para no oírle quejar
todo el tiempo, tomó todo la leña de la liebre y se la puso sobre su propia
espalda. Al seguir el camino, la liebre, quien caminaba detrás del tejón,
comenzó a chocar unas piedras sobre la leña para que se prendiera en
fuego.
Cuando el tejón le preguntó que qué era ese ruido, la liebre le contestó que
ésta era la Montaña Crujiente, y que el sonido era de los pájaros pegando a
loas árboles con los picos. Por fin la leña empezó a quemarse, y al oír las
llamas del fuego el tejón le preguntó otra vez a su nuevo amigo lo que era.
“Ese sonido es el llanto de los pájaros, y por eso también le llaman a esta
montaña la Montaña de los Pájaros que Llantan.” Al quemarle la piel, el
tejón comenzó a gritar pero la liebre se escapó corriendo.
El día siguiente, la liebre se puso esta vez a recoger pimientos rojos para
hacer picante. Al verlo el tejón, éste se enfado y le chilló que por su culpa
la espalda se le había quedado horriblemente quemada.
La liebre se hizo el tonto y le contestó:
“Las liebres de la Montaña Crujiente son las liebres de la Montaña
Crujiente.
Los de la Montaña de los Pimientos son los de la Montaña de los
Pimientos.
No sé de lo que hablas.”
El tejón pensó que éso tenía razón. Le pidió en vez a la liebre si por acaso
tenía alguna medicina para las quemaduras.
“Vaya suerte, ahora mismo la estoy preparando”, le dijo la liebre al tejón y
empezó a cubrirle la espalda con la pimienta. Al principio el tejón no sentía
nada, pero poco a poco la pimienta le dejó en peor dolor que antes. En ese
momento, la liebre corrió y se escapó otra vez.
El día siguiente la liebre se fue a la montaña de nuevo. Esta vez empezó a
cortar árboles, pare hacerse un barco. El tejón llegó, la espalda doliéndole
muchísimo, chillándole a la liebre que por culpa de su medicina casi se
murió ayer en la montaña de los Pimientos.
La liebre, como si nunca le hubiera conocido, contesto:
“Las liebres de la Montaña de los Pimientos son las liebres de la Montaña
de los Pimientos.
Las de la Montana de los Cedros son las de la Montaña de los Cedros.
¿Tú quien eres?”
O la liebre era buen actor o el tejón era bastante crédulo, la cosa es que
otra vez el tejón se creyó lo que la liebre le decía. Al enterarse de que la
liebre planeaba hacerse un barco, le pregunto por qué.
Cuando la liebre le dijo que era para ir de pesca en el río, el tejón quiso un
barco también. “Bueno, yo me hago el barco de color blanco por que la piel
la tengo blanca. Tú, ya que tienes pelo marrón, te vendría mejor hacer el
barco de tierra.”, le explicó la liebre al tejón. Cada uno acabó de
construirse su propio barco y se fueron juntos al río. Ya en el agua, el
barco de tierra del badger comenzó a disolverse. En muy poco tiempo, el
tejón se encontró hundiéndose en el agua. Se ahogaba y gritaba:”¡ Socorro,
socorro, ayudame!” Pero la liebre, impasible, le dijo: “Recuerdate ahora de
la pobre abuelita que murió por tu culpa,” y le abandonó.
La liebre se fue al abuelito. Le anunció que el tejón estaba muerto. Pero en
vez de alegrarse el viejecito se entristeció. Pensó que la muerte del tejón no
le devolvería la abuelita, y que la venganza no valía para nada.