Curso de defensa personal para mujeres

Dia 30 de Abril en el Centro de Tecnificación de Alicante se celebra una vez más el curso de defensa personal para mujeres os esperamos.

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Dos gotas de agua

La forma de relacionarse de uke y tori es la misma que se produce en la naturaleza cuando se encuentran dos gotas de agua una frente a la otra, a partir de ese momento si se llega al contacto se fusionan y se  convierten en una sola, lo mismo pasa en el Aikido, somos gotas de agua y no romperemos nuestra relación con el compañero, porque si eso sucediera no abría  Aikido.

Aikido Shogun

UKEMI

La práctica del aikido requiere la presencia de un compañero. Unos pocos ejercicios pueden hacerse en solitario para afilar nuestra fuerza o nuestras habilidades técnicas, pero la clave para el buen entrenamiento radica en la interacción entre el uke y el tori. Algunas personas simplifican incorrectamente las definiciones de uke y de tori como “atacante” y “defensor”. Tal simplificación da lugar a confusiones en cuanto a la verdadera naturaleza e importancia de las funciones del tori y de uke. Más correctamente, tori significa “el que derriba” y uke significa “el que recibe la fuerza”. Si pensamos en términos de atacante y de defensor, es probable que consideremos al papel del tori, el que es atacado y el que ejecuta la técnica, como el importante, y al papel de uke como el de meramente proporcionar al tori un cuerpo sobre el que practicar su técnica. Nada puede estar más alejado de la verdad.
Ukemi es el arte de ser uke, y la calidad de la práctica de tori depende de lo bien que el uke haya aprendido este arte. El ukemi supone crear condiciones que hagan apropiada a una determinada técnica, respondiendo correctamente a los movimientos de tori, y sufrir cualquier caída concluye la técnica. En resumen, uke tiene la responsabilidad de crear las condiciones que permitan a tori aprender. Si uke no percibe los efectos de una técnica, ninguna resistencia, ni respuesta a los movimientos de tori, o si teme o no sabe caer, tori no podrá estudiar la técnica con eficiencia.
Al practicar cualquier técnica, los compañeros alternarán la asunción de los papeles de tori y de uke. No debemos considerar el tiempo pasado como uke como meros intermedios en nuestros turnos en que somos tori, sí como una oportunidad para aprender tan importante o mayor que el tiempo que pasamos en el papel de tori. De hecho, quienes destacan en ukemi, lo más probable es que logren también resultados excelentes en técnica, puesto que son capaces de absorber conocimientos mediante sus cuerpos sobre qué sensación produce ejecutar correctamente una técnica, así como de absorber conociemientos mediante sus mentes. El desarrollo de un buen ukemi es el camino más corto para adquirir habilidad en aikido. Son muchos los elementos que componen un buen ukemi. El primero es el musubi. Debemos tener buena comunicación con nuestro tori, tanto física como intuitiva. Si somos insensibles a los movimientos o intenciones de nuestro compañero,estorbaremos la práctica de nuestro compañero y correremos el riesgo de lesionarnos. Un buen uke no prevee los movimientos del compañero, sino que afina su percepción hasta el punto en que las reacciones son instintivas e intuitivas, en lugar de depender solamente de la manipulación física. Aprender ukemi es aprender a defender nuestro cuerpo de las lesiones; debemos permanecer constantemente flexibles y alerta. Debemos poder asumir una caída desde cualquier ángulo en cualquier movimiento inesperado. Dicha habilidad conduce al dominio de técnicas avanzadas. También debemos aprender a asumir el ukemi cuando sostenemos el bokken o el jo. El entrenamiento con armas en aikido incluye algunas técnicas en que un compañero desarma al otro. Muchas de ellas incluyen derribos, y el uke debe estar preparado para esto. Aprender a protegerse mediante el ukemi es también una responsabilidad que tenemos con nuestros compañeros estudiantes.Mientras que tori debe ser consciente de las limitaciones del uke y evitar ser innecesariamente rudo, nuestros compañeros tienen derecho a esperar un cierto grado de perfección en nuestro ukemi que se corresponda con el nivel que hayamos alcanzado. Si nuestra habilidad en ukemi es inferior a nuestra habilidad en técnicas a medida que avanzamos, entorpeceremos la práctica de los compañeros. Es posible también que apoyemos con demasiada fuerza el peso de nuestra seguridad en nuestros compañeros, especialmente al empezar a practicar las técnicas más difíciles. También nuestro entrenamiento se resentirá, porque nunca seremos capaces de practicar las técnicas más difíciles con toda intensidad.Esto es parte del capítulo titulado ukemi del libro, los principios del Aikido, escrito por el maestro Saotome, 8º Dan de Aikido, que fué uchideshi de O´Sensei Moriehi Ueshiba.

Ronin

 

Un rōnin (literalmente “hombre ola” – un hombre errante como una ola en el mar) era un samurái sin amo durante el período feudal de Japón, entre 1185 y 1868. Un samurái podía no tener amo debido a la ruina o la caída de éste, o a que había perdido su favor.

La manera más sencilla que había para que un samurái acabara siendo ronin era a través del nacimiento. El hijo o hija de un rōnin también era rōnin, siempre que no renunciara a su estatus. A menudo el rōnin por nacimiento soñaba con demostrar su valía para poder jurar lealtad con un clan, convirtiéndose así en un verdadero y auténtico samurái. Aunque esto ocurriera de vez en cuando, era algo infrecuente, reservado a los más talentosos, pues pocos daimyō estaban dispuestos a sentar un precedente permitiendo que un rōnin entrara en su clan. Más a menudo los rōnin eran enviados en ciertas misiones con la promesa de la admisión, para luego negársela basándose en algún tecnicismo.

Uno de los más famosos rōnin fue Miyamoto Musashi, el afamado espadachín.

Taiko

Un taiko ( literalmente “gran tambor”) es un tambor japonés de un diámetro de 1,3 m, tocado con palillos de madera denominados bachi. Afuera de Japón, el término se refiere a los distintos tipos de tambores japoneses. Tambor en japonés se escribe ‘wa-daiko’. Taiko también se refiere al relativamente reciente arte de ensamble musical de percusión taiko (en japonés, conocido como “kumi-daiko” ). El taiko es empleado en muchos eventos festivos tradicionales de Japón, siendo en ocasiones el centro de atracción, como en el Bon Odori, una danza tradicional. Su peso oscila entre los 295 y 310 kilogramos. Ambos extremos están cubiertos por membranas, pero solo se percute de un lado con un grueso par de mazos de madera.

Junto al uso guerrero de los tambores taiko en el Japón antiguo, estos instrumentos también establecieron una fuerte fundación en el estilo de música de corte conocida como Gagaku, el cual es uno de los más viejos estilos musicales de corte que todavía se toca en el mundo.

Tori

Un torī  es un arco tradicional japonés que suele encontrarse a la entrada de los santuarios Shinto (Jinja), marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado. Consisten de dos columnas sobre las que se sustentan dos travesaños paralelos, frecuentementes coloreados de tonalidades rojas o bermellonas. Algunos poseen tablas escritas montadas entre las barras horizontales. Tradicionalmente, los torī son de madera o piedra.

Una teoría es que el término provenga de toriiru ( pasar y entrar). Una antigua leyenda japonesa relata que la diosa del sol Amaterasu, tremendamente molesta con su travieso hermano, se había ocultado en una caverna y tapado la entrada con una roca, provocando un eclipse. Los hombres, temiendo que el sol no volviera, construyeron por consejo de un sabio una gran pértiga para pájaros y colocaron allí todos los gallos del pueblo. Cuando los gallos comenzaron a cacarear ruidosamente, la diosa no resistió la curiosidad y se asomó fuera de la cueva, abriendo apenas la entrada de la cueva. Un enorme luchador de sumo empujó entonces la roca, permitiendo salir al sol. Dicha cerca para los gallos fue el primer arco torī. Desde entonces, el torī se convirtió en símbolo de prosperidad y buena suerte y su uso se extendió por todo Japón.

Armadura japonesa

Los guerreros japoneses llevaban una armadura muy sofisticada para protegerse de las armas enemigas. Su armadura estaba fabricada con pequeñas escamas o laminitas de hierro laqueado, unidas en filas con cordones de seda. El resultado era un tejido metálico tan plegable como la cota de malla europea, pero mucho más resistente. Esta armadura era relativamente ligera: pesaba unos once kilos, lo que permitía al samurai moverse con agilidad. Además, se podía plegar dentro de una caja para llevarla y si la cortaba una espada podía arreglarse con una nueva laminita. Además del casco de hierro remachado, los guerreros usaban protectores especiales para el cuello y una máscara de metal con una cara feroz, concebida para atemorizar al enemigo.

La risa de las japonesas

Si bien reírse a carcajadas con la boca abierta no es considerado refinado ni femenino en ningún lugar del mundo, las niponas son especialmente cuidadosas en este sentido. Algunos podrían pensar que se debe a una extrema timidez, a una costumbre sin ningún significado o hasta un rasgo de inmadurez. Sin embargo, hay una razón de más peso que podría explicar con mayor profundidad el tan arraigado hábito.

Durante el periodo Nara  (del 710 al 794)  se dio inicio a una tradición, consistente en teñir los dientes de negro en las mujeres. A esta práctica se le dio el nombre de ohaguro, que significa precisamente “dientes negros”. Se utilizaba como forma de indicar el paso de una niña a mujer, pero durante una época posterior  la era Edo  sirvió para distinguir a las solteras de las casadas. Desde luego, las chicas nunca se terminaron de sentir cómodas con esta costumbre y por ello se habituaron a taparse los dientes cuando ríen, lo que luego quedó arraigado en la sociedad nipona.