Origen del idioma japonés

Su origen permanece incierto. Usualmente se lo consideró una lengua aislada, y hoy se lo considera parte de las lenguas japónicas junto a varias lenguas de las islas Ryukyu (antes consideradas dialectos japoneses), aparte de esto, aún no ha podido probarse un parentesco inequívoco con alguna otra lengua, si bien no faltan las propuestas que señalan coincidencias con el coreano y con lenguas altaicas, como el turco. Por otro lado, cabe señalar que, contrario a la creencia popular, el japonés no está directamente emparentado con el chino, si bien gran parte del vocabulario del japonés moderno deriva de dicho lenguaje, ni con la lengua ainu (con la que comparte rasgos tipológicos pero no elementos que sugieran origen común).

Es un hecho comprobado que existen correlaciones sistemáticas entre los fonemas de las lenguas primitivas coreanas y del japonés antiguo. No obstante, aún no está claro si esas correlaciones se deben a un origen común o a préstamos léxicos masivos a lo largo de los siglos, producto del intercambio cultural. Una teoría alternativa adscribe este idioma a la macrofamilia de las lenguas austronesias. Según esta hipótesis la lengua japonesa conforma el extremo norte de un grupo del que forman parte las lenguas aborígenes de Taiwán, el tagalo y otros idiomas de Filipinas y el malayo-indonesio en todas sus variantes. En general la investigación contemporánea oscila entre ambas hipótesis: reconoce una fuerte influencia continental, posiblemente ligado al coreano, y, al mismo tiempo, considera la posibilidad de la existencia de un sustrato austronésico. Dicho sea de paso, gran parte de los investigadores consideran al coreano como una lengua altaica (si bien la existencia de la categoría de «altaico» es en sí motivo de controversia).

Desde que en 2500 a. C. pueblos mongólicos llegados del continente comenzaron a poblar las islas del Japón, se inició el desarrollo de una lengua arcaica (Yamato kotoba) de estructura polisilábica, así como una cultura propia. No sería hasta el siglo III d. C. cuando los sabios coreanos introducen la cultura china a las islas niponas. Esta invasión cultural duró aproximadamente cuatro siglos, durante los cuales se introdujeron ciencias, artes, y religión, así como el sistema de escritura chino.

Los japoneses comenzaron a utilizar los caracteres chinos (kanji – 漢字) conservando el sonido original chino, (si bien adaptándolo a su propio sistema fonético) y añadiendo además la pronunciación «nativa» a esos símbolos. Por ello hoy día, al estudiar el sistema de kanji es necesario aprender ambas lecturas, la lectura «china» (onyomi) y la lectura «japonesa» (kunyomi), si bien dichos adjetivos no deben prestarse a errores: Ambas pronunciaciones son propias del japonés, y son diferentes a las del chino moderno. Además de los kanji, en el japonés existen dos silabarios para representar todos sus sonidos, creados a partir de la simplificación de ciertos kanji. Los silabarios se denominan hiragana y katakana y son un sistema de escritura único del japonés, ausente en el chino y el coreano. El japonés moderno utiliza los tres sistemas de escritura, kanji, hiragana y katakana, circunscribiendo el uso de cada uno para diferentes funciones, si bien hay ocasiones en que dos de ellos pueden usarse indistintamente.

Debido a la particular historia de Japón, el idioma japonés incluye elementos ausentes en las lenguas indoeuropeas, siendo uno de los más conocidos, un rico sistema de honoríficos (keigo) que resultan en formas verbales y construcciones gramaticales específicas para indicar la jerarquía relativa entre el emisor y el receptor, así como el nivel de respeto hacia el interlocutor.