El hilo rojo del destino la leyenda

El texto literal dice: «Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».

La leyenda más popular y la que se recita en casi todos los hogares japoneses a los niños y jóvenes es ésta:

hilo rojo“Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mando traer ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordeno que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa; la bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevo hasta un mercado en donde una pobre campesina con una bebe en los brazos ofrecía sus productos.

Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invito a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : “Aquí termina tu hilo” , pero al escuchar esto , el emperador enfureció creyendo que era una burla de la bruja , empujo a la campesina que aun llevaba a su pequeña bebe en los brazos y la hizo caer haciendo que la bebe se hiciera una gran herida en la frente , ordeno a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llego el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda y el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entro al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente.

Al levantarle el velo vio por primera vez que este hermoso rostro…. …. …. …. tenía una cicatriz muy peculiar en la frente. “

Una cicatriz que él mismo había provocado al no ver al destino que había pasado frente a él y también nos muestra como los amores destinados son eso, no podemos escapar de la persona que nació para amarnos.

Aunque no hay datos que nos permitan saber si su origen es chino o japonés, sí que podemos hablar sobre el comienzo de esta leyenda. Se dice que ésta comenzó a popularizarse al conocer que la arteria ulnar conecta el dedo meñique con el corazón, el cual siempre se ha entendido como el hogar del amor. No obstante, otras fuentes hablan del anular, lo que tiene más sentido etimológico y una mayor tradición en nuestra cultura.

La conexión que esiste o el cariño que nuestro hilo rojo une no tiene porqué ser el de dos personas como pareja, sino que también puede ocurrir con nuestros padres, nuestros hijos o nuestros amigos. Lo cierto es que hay personas que parecen estar hechas para juntarse, como dos almas gemelas.

Cuento Zen: La tava vacía

cuento tazaSegún una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilid:Exactamente señor usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó:

“A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”.

Cuento Zen: La sabiduría de los cuervos

cuervosEn la vida de todo ser llega el día en el cual madura y pasa a ser miembro de la comunidad de los adultos. En esto los cuervos tampoco son ninguna excepción.
Un día ,tres cuervos jóvenes tenían que exponerse a una prueba realizada por los cuervos mayores que querían ver si los cuervos jóvenes estaban lo suficientemente maduros como para volar con los adultos. El jefe del clan le pregunto al primer cuervo:
“¿Que crees tu que es en este mundo, a lo que mas temor le deberían tener los cuervos?”
El cuervo joven reflexiono un instante y respondió: “La cosa mas horrorosa es una flecha, porque esta puede matar a un cuervo de un golpe”. Cuando los ancianos escucharon esto, encontraron que esta era una respuesta muy buena. Alzaron las alas y gritaron contentos. “Tu dices la verdad”, dijo el el jefe de los cuervos. “Te damos la bienvenida a nuestra comunidad”.
Luego el líder le pregunto al segundo joven: “¿Y que crees tu que es a lo que mas temor le deberíamos tener?” “Yo creo que un buen tirador del arco es mas peligroso que una flecha” dijo el joven cuervo. “Porque solo un tirador del arco puede dirigir la flecha hacia su meta y dispararla. Sin el tirador la flecha no es mas que un pedazo de madera, como la rama sobre la cual estoy sentado ahora”. Los cuervos estimaron que esta era la respuesta más inteligente que jamás habían escuchado. Los padres del joven cuervo gritaban de alegría y miraban al hijo plenos de orgullo. “Tu hablas con mucha inteligencia. Estamos muy contentos de poder acogerte en nuestra comunidad”.
Después el líder de los cuervos le preguntó al tercer joven: “¿Y tu? ¿Qué crees tu que es a lo que mas le deberíamos temer?” “Nada de lo que se ha dicho hasta ahora” dijo el joven pájaro. “A lo que mas se le debería temer es a un tirador novato”. ¡Que respuesta más rara! Los cuervos estaban confusos y sentían vergüenza ajena. La mayoría pensaba que este cuervo todavía no era lo suficientemente sabio como para comprender la pregunta. Hasta que el cuervo jefe volvió a preguntar: “¿Que es lo que quieres decir?” “Mi segundo compañero tenia razón; sin un tirador no hay por que temerle a una flecha. Pero la flecha de un buen tirador ira donde tiene que ir. Ósea que si se escucha el ruido de la soga del arco solo hay que volar a la derecha o a la izquierda para escaparle a la flecha. Pero nunca se sabrá a donde va la flecha de un tirador novato. Aunque uno se vuele, la posibilidad de que a uno lo alcance la flecha es igual de grande. Uno simplemente no sabe que es lo mejor, si moverse o si quedarse quieto”. Cuando los otros cuervos escucharon esto, entendieron que este joven cuervo poseía verdadera sabiduría, que podía ver detrás de las cosas. Hablaban de el con respeto y admiración y no mucho mas tarde le pidieron ser el nuevo líder del grupo.

Cuento Zen

monjes zenDos monjes peregrinos llegaron a una ciudad donde había una joven esperando bajarse de su palanquín. La lluvia había hecho grandes charcos y ella no podía cruzar sin estropearse sus prendas de ropa de seda. Permaneció entonces allí, mirando enfadada e impaciente, mientras regañaba a sus sirvientes, que no tenían donde dejar los paquetes que llevaban, así que no podían ayudarla a cruzar los charcos.

El más joven de los monjes se dio cuenta de la situación, pero siguió andando y no dijo nada. Entonces, el viejo monje la subió a su espalda, la llevó a través del agua, y la dejó al otro lado. Ya a salvo, ella simplemente lo apartó de su camino y se fue sin tan siquiera agradecérselo.

Mientras continuaban con su camino, el más joven estaba preocupado dándole vueltas al asunto. Después de varias horas, incapaz de aguantar más su silencio, dijo en voz alta:

—¡Aquella mujer era una egoísta y una maleducada, pero tú la cargaste sobre tu espalda y la llevaste! ¡Y ni siquiera te lo agradeció!

Entonces, el viejo monje le replicó al joven:

—Dejé a la mujer hace horas. ¿Por qué tú sigues cargando con ella?

—¿Crees que has cargado suficiente?

—Sí

—Bien pues sigamos el camino.

Cuento zen: El valor de las cosas

Monje ZenVengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien- asintió el maestro.

Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

El bambú japones

Hace mucho tiempo, dos agricultores iban caminando por un mercado cuando se pararon ante el puesto de un vendedor de semillas, sorprendidos por unas semillas que nunca habían visto.

bambu.png“Mercader, ¿qué semillas son estas?”, le preguntó uno de ellos.

“Son semillas de bambú. Vienen de Oriente y son unas semillas muy especiales”.

“¿Y por qué habrían sido de ser tan especiales?”, le espetó uno de los agricultores al mercader.

“Si os las lleváis y las plantáis, sabréis por qué. Sólo necesitan agua y abono”.

Así, los agricultores, movidos por la curiosidad, compraron varias semillas de esa extraña planta llamada bambú.

Tras la vuelta a sus tierras, los agricultores plantaron esas semillas y empezaron a regarlas y a abonarlas, tal y como les había dicho el mercader.

Pasado un tiempo, las plantas no germinaban mientras que el resto de los cultivos seguían creciendo y dando frutos.

Uno de los agricultores le dijo al otro: “Aquél viejo mercader nos engañó con las semillas. De estas semillas jamás saldrá nada”. Y decidió dejar de regar y abonarlas.

El otro decidió seguir cultivando las semillas, con lo que no pasaba un día sin regarlas ni abonarlas cuando era necesario.

Seguía pasando el tiempo y las semillas no germinaban.

Hasta que un buen día, cuando el agricultor estaba a punto de dejar de cultivarlas, se sorprendió al encontrarse con que el bambú había crecido. Y no sólo eso, sino que las plantas alcanzaron una altura de 30 metros en tan solo 6 semanas.

¿Como era posible que el bambú hubiese tardado 7 años en germinar y en sólo seis semanas hubiese alcanzado tal tamaño?

Muy sencillo: durante esos 7 años de aparante inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistemas de raices que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después la planta.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes….Quizás sólo estés echando raices.

Cuento adaptado del publicado en Curso PNL de María Clavel

EL MAESTRO SAMURAI

Había una vez en el antiguo Japón un viejo samurai ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos.

A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género.

Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación.

fernando villasanta sensei aikido shogun.orgEste guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.

Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible.

El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar.

El joven empezó a insultar al viejo maestro.

Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados.

Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.

Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.

Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tu no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai.

-A quién intentó entregarlo. -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia. -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

CUENTO SUFÍ

Malos pensamientos

Dos monjes, viajaban juntos por un camino embarrado. Llovía a cántaros y sin parar. Al llegar a un cruce se encontraron con una preciosa muchacha, vestida con un kimono y un ceñidor de seda, incapaz de vadear el camino.

– Vamos, muchacha -dijo uno de los monjes sin más. Y, levantándola en sus brazos sobre el barro, la pasó al otro lado.

El compañero no dijo ni una sola palabra, hasta que, ya de noche, llegaron al monasterio. Entonces no pudo resistir más.

– Los monjes como nosotros -le dijo al maestro- no deben acercarse a las mujeres, sobre todo si son bellas jovencitas. Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?

– Yo la dejé allí -contestó-. ¿Es que tú todavía la llevas?

Una taza de té

Un sabio japonés, conocido por la sabiduría de sus doctrinas, recibió la visita de un profesor universitario que había ido a verlo para preguntarle sobre su pensamiento. El profesor universitario tenía fama de ser creído y orgulloso, no prestando nunca atención a las sugerencias de los demás, creyéndose siempre en posesión de la verdad.

El sabio quiso enseñarle algo. Para ello comenzó por servirle una taza de té.

Comenzó echando el té poco a poco. Primero la taza se llenó. El sabio, aparentando no percatarse de que la taza estaba ya llena, siguió echando té y más té, hasta que la taza rebosó y el líquido comenzó a manchar el mantel. El anciano mantenía su expresión serena y sonriente.

El profesor de universidad miró desbordarse el té, tan estupefacto, que no lograba explicarse una distracción tan contraria a las normas de la buena urbanidad; pero, a un cierto punto, no pudo contenerse más y dijo al anciano sabio: “¡Está llena! ¡Ya no cabe más!”

El sabio imperturbable y sin inmutarse, le dijo: 

Tú también estás lleno de tu cultura, de tus opiniones y conjeturas eruditas y completas, igual que le ocurre a esta taza. ¿Cómo puedo hablarte de la sabiduría, que sólo es comprensible a los ánimos sencillos abiertos, si antes no vacías la taza?

El profesor comprendió la lección y desde aquel día se esforzó en escuchar las opiniones de los demás, sin despreciar ninguna de ellas.

Cuento de gatos


Gato japones, realiza la foto en abril de 2010
En el Japón, hace doscientos años, antes de la era Meiji, un maestro de kendo, Shoken, era molestado por un gran ratón en su casa.
El congreso de artes marciales de los gatos, tal es el título de esta historia:
En su casa, todas las noches había un ratón que le impedía dormir. Se vió obligado a dormir a mitad de día. Entonces fue a ver a un amigo que adiestraba gatos, un domador de gatos. Shoken le dijo: Préstame al más fuerte de tus gatos. El otro le prestó un gato de tejados, muy rápido y hábil en atrapar ratones; ¡Sus garras eran fuertes y sus saltos potentes! Pero cuando entró en la habitación, el ratón fue más fuerte y el gato huyó. Este ratón era realmente muy misterioso. Shoken le pidió entonces un segundo gato, de color leonado, dotado de un ki muy fuerte, de una fuerte energía y de un espíritu combativo. Este gato entró en la habitación y peleó. ¡Pero el ratón tuvo las de ganar y el gato escapó! Se intentó con un tercer gato, un gato blanco y negro que tampoco pudo vencer. Shoken le pidió entonces un cuarto gato, negro, viejo, bastante inteligente, pero menos fuerte que el gato de tejados o que el gato leonado. Entro en la habitación. El ratón lo miró y se acercó. El gato se sentó y muy tranquilo y no se movió. Entonces el ratón empezó a dudar. Se acercó un poco más, ligeramente asustado, y rápidamente, el gato lo atrapó por el cuello, lo mató y se lo llevó fuera de la habitación.
Entonces Shoken fue a consultar a su amigo y le dijo: A menudo he seguido a este ratón con mi sable de madera, pero ha sido él quien me ha arañado. ¿Por qué este gato negro ha podido vencerlo? Hay que organizar una reunión e interrogar a los gatos. Usted le preguntará puesto que es usted un Maestro de Kendo. Seguramente los gatos comprenden las artes marciales.
Hubo pues una asamblea de gatos presidida por el gato negro que era el más anciano. El gato de tejados dijo: Yo era el más fuerte. Entonces el gato negro le preguntó: ¿Por qué no has ganado? El gato de tejados respondió: Yo soy muy fuerte, tengo muchas técnicas para atrapar ratones. Mis garras son fuertes y mis saltos potentes, pero ese ratón no era como los ostros. El gato negro declaró: Tu fuerza y tu técnica no pueden estar más allá de este ratón. Aunque tu poder y tu wasa hubieran sido muy fuertes no habrías podido ganar por tu solo arte. ¡Imposible! Entonces el gato leonado habló: Yo soy muy fuerte, yo entreno siempre mi ki, mi energía y mi respiración con el zazen. Me alimento de legumbres y de sopa de arroz, por eso mi actividad es muy fuerte. Pero no he podido vencer a este ratón. ¿Porqué? El viejo gato negro le respondió: Tu actividad y tu ki son fuertes, pero este ratón estaba más allá de este ki. Tu eres más débil que ese gran ratón. Si estás apegado a tu ki eso se convierte en una fuerza vacía. Si tu ki es demasiado rápido, demasiado breve, es que solamente eres apasionado. Por eso, se puede decir, por ejemplo, que si tu actividad es comparable a la del agua saliendo del grifo, la del ratón es parecida a un potente golpe de agua. Por eso la fuerza del ratón es superior a la tuya. Aunque tu actividad es fuerte, de hecho es débil, porque confías demasiado en ti mismo. Después fue el turno del gato blanco y negro que tampoco había podido vencer. No era muy fuerte sino inteligente. Tenía el satori. Había pasado todos los wasa y se contentaba con hacer zazen. Pero no era mushotoku (sin meta ni espíritu de provecho) y también él había tenido que huir.
El gato negro le dijo: eres muy inteligente y fuerte. Pero no has podido vencer a este ratón porque tenías una meta. Y la intuición del ratón era más grande que la tuya. Cuando entraste en la habitación, él comprendió rápidamente tu estado de espíritu. Por esto no has podido triunfar. No has sabido armonizar tu fuerza tu técnica y tu conciencia activa, que han quedado separadas en lugar de unificarse. Mientras que yo, en un solo instante, he utilizado estas tres facultades inconscientemente, naturalmente y automáticamente. De esta manera he podio matar al ratón. Pero, cerca de aquí, en un pueblo vecino, conozco a un gato aún más fuerte que yo. Es muy viejo y sus pelos son grises. Yo me he encontrado con él y no parece muy fuerte. Duerme todo el día. No come carne, ni pescado, solamente guenmai (sopa de arroz)… algunas veces bebe un poco de sake. Nunca ha atrapado un solo ratón, porque todos tienen miedo de él y huyen de su presencia. Nunca se acercan al él. ¡Por eso nunca ha tenido la ocasión de atrapar uno! Un día , entró en una casa que estaba llena de ratones. Todos huyeron apresuradamente y cambiaron de casa. Este gato podía cazarlos hasta durmiendo. Este gato gris es realmente muy misterioso. Tú debes volverte así, estar más allá de la postura más allá de la respiración y de la conciencia.
¡Gran lección para Shoquen, el maestro de kendo!

Gato de la suerte

Según cuenta la leyenda, en el siglo XVII, en un templo muy pobre de Tokio, vivía un sacerdote. Era pobre pero compartía sus escasos bienes y alimentos con su gato Tama. Un día, que se desató una terrible tormenta, pasó por allí un comerciante muy rico. Éste se guareció bajo un árbol que había cerca del templo mientras llovía. El comerciante se percató de que el gato le hacía señas para que se acercara a la puerta del templo. En el momento de acercarse al templo, cayó un rayo sobre el árbol. Muy agradecido, el comerciante rico se hizo amigo del sacerdote y él y el gato nunca volvieron a pasar hambre.

El Gato de la suerte japonés Maneki Neko que significa en japonés el que invita a pasar o que saluda. Si tiene la pata derecha alzada atrae la prosperidad y el dinero. Con la izquierda, invita a pasar a la gente, por lo que también se utiliza en las tiendas para dar la bienvenida. Dependiendo de su color también tiene distintos significados.

Foto realizada en mayo de 2010.

Cuento japones, la montaña crujiente

Erase una vez un abuelito y una abuelita vivían solitos en una casita.
Cada día el abuelito se iba a trabajar en el campo, y mientras sembraba
arroz cantaba:
“Un grano, y de él miles.”
Cada día también venía después de el abuelito un tejón, que cantaba:
“Un grano y uno solo. Y todos me los comeré.”
Y cuando el viejecito volvía al campo el día siguiente, veía que no le
quedaba ni un solo grano. Por culpa de esto, los abuelitos vivían
pobremente.
Un día el abuelito, al ver que otra vez el tejón se había comido todo, se
enfadó tanto que decidió atrapar al tejón. El abuelito empezó a sembrar y
cantar, como siempre, hasta que por fin llegó el tejón. De repente, el
abuelito dio un salto, y en un abrir y cerrar de ojos atrapó al tejón malo y
le ató con una cuerda fuerte.
Cuando el abuelito llego a casa con su prisionero, le dijo a la abuelita:
“Abuelita, ven y mira lo que cogí hoy. Calienta la cazuela y haznos un buen
cocido de tejón.” y el abuelito volvió al campo.
La abuelita empezó a moler arroz para hacer galletas para la cena.
El tejón, que era muy taimado, le dijo a la abuela: “Abuelita, mira que eso
de moler arroz, usted solita, a sus añitos, deberá ser mucho trabajo. ¿Por
qué no me desata para poder darle una mano?” La abuela vacilo, pensando
que el abuelito se enfadaría. Pero él tejón insistía tanto como quería
ayudarla que, al fin, la abuelita decidió dejarle suelto para un poquito. A lo
primero el tejón fingió ayudarla y cogió el mano de mortero; pero en vez de
moler arroz le dio un bastonazo a la abuelita sobre la cabeza y se fugó
corriendo. Cuando el viejecito llegó a casa y encontró a la viejecita ya
muerta, se puso a llorar. Una liebre, viéndole llorar, le pregunto el por qué de sus lagrimas, y el viejecito le contó su historia. “Vale, yo me he de vengar por
ti.” dijo la liebre, y se fue hacia las montañas.
La liebre se puso a recoger leña. Después de un rato, el tejón se acerco y le
preguntó que qué hacía. “Este invierno va a ser muy frío, y me estoy
preparando,” le contesto. El tejón pensó que esto era una buena idea y
empezó a ayudar a la liebre. Pronto, tenían un buen montón de leña. Se
montaron la leña sobre la espalda y empezaron a bajar la montaña. A
medio camino, la liebre empezó a quejarse: “¡Como pesa! ¡Ay, como pesa!”
El tejón, para ayudar a su nuevo amigo tanto como para no oírle quejar
todo el tiempo, tomó todo la leña de la liebre y se la puso sobre su propia
espalda. Al seguir el camino, la liebre, quien caminaba detrás del tejón,
comenzó a chocar unas piedras sobre la leña para que se prendiera en
fuego.
Cuando el tejón le preguntó que qué era ese ruido, la liebre le contestó que
ésta era la Montaña Crujiente, y que el sonido era de los pájaros pegando a
loas árboles con los picos. Por fin la leña empezó a quemarse, y al oír las
llamas del fuego el tejón le preguntó otra vez a su nuevo amigo lo que era.
“Ese sonido es el llanto de los pájaros, y por eso también le llaman a esta
montaña la Montaña de los Pájaros que Llantan.” Al quemarle la piel, el
tejón comenzó a gritar pero la liebre se escapó corriendo.
El día siguiente, la liebre se puso esta vez a recoger pimientos rojos para
hacer picante. Al verlo el tejón, éste se enfado y le chilló que por su culpa
la espalda se le había quedado horriblemente quemada.
La liebre se hizo el tonto y le contestó:
“Las liebres de la Montaña Crujiente son las liebres de la Montaña
Crujiente.
Los de la Montaña de los Pimientos son los de la Montaña de los
Pimientos.
No sé de lo que hablas.”
El tejón pensó que éso tenía razón. Le pidió en vez a la liebre si por acaso
tenía alguna medicina para las quemaduras.
“Vaya suerte, ahora mismo la estoy preparando”, le dijo la liebre al tejón y
empezó a cubrirle la espalda con la pimienta. Al principio el tejón no sentía
nada, pero poco a poco la pimienta le dejó en peor dolor que antes. En ese
momento, la liebre corrió y se escapó otra vez.
El día siguiente la liebre se fue a la montaña de nuevo. Esta vez empezó a
cortar árboles, pare hacerse un barco. El tejón llegó, la espalda doliéndole
muchísimo, chillándole a la liebre que por culpa de su medicina casi se
murió ayer en la montaña de los Pimientos.
La liebre, como si nunca le hubiera conocido, contesto:
“Las liebres de la Montaña de los Pimientos son las liebres de la Montaña
de los Pimientos.
Las de la Montana de los Cedros son las de la Montaña de los Cedros.
¿Tú quien eres?”
O la liebre era buen actor o el tejón era bastante crédulo, la cosa es que
otra vez el tejón se creyó lo que la liebre le decía. Al enterarse de que la
liebre planeaba hacerse un barco, le pregunto por qué.
Cuando la liebre le dijo que era para ir de pesca en el río, el tejón quiso un
barco también. “Bueno, yo me hago el barco de color blanco por que la piel
la tengo blanca. Tú, ya que tienes pelo marrón, te vendría mejor hacer el
barco de tierra.”, le explicó la liebre al tejón. Cada uno acabó de
construirse su propio barco y se fueron juntos al río. Ya en el agua, el
barco de tierra del badger comenzó a disolverse. En muy poco tiempo, el
tejón se encontró hundiéndose en el agua. Se ahogaba y gritaba:”¡ Socorro,
socorro, ayudame!” Pero la liebre, impasible, le dijo: “Recuerdate ahora de
la pobre abuelita que murió por tu culpa,” y le abandonó.
La liebre se fue al abuelito. Le anunció que el tejón estaba muerto. Pero en
vez de alegrarse el viejecito se entristeció. Pensó que la muerte del tejón no
le devolvería la abuelita, y que la venganza no valía para nada.

Historia de los TRES GATOS

Un samurai tenía en casa un ratón del que no llegaba a desembarazarse. Entonces
adquirió un magnífico gato, robusto y valiente. Pero el ratón, más rápido, se burlaba de
él. Entonces el samurai tomó otro gato, malicioso y astuto. Pero el ratón desconfió de él
y no daba señales de vida más que cuando éste dormía. Un monje Zen del templo
vecino prestó entonces al samurai su gato: éste tenia un aspecto mediocre, dormía todo
el tiempo, indiferente a lo que le rodeaba. El samurai encogió los hombros, pero el
monje insistió para que lo dejara en su casa. El gato se pasaba el día durmiendo, y muy
pronto el ratón se envalentonó de nuevo: pasaba y volvía a pasar por delante del gato,
visiblemente indiferente. Pero un día, súbitamente, de un solo zarpazo, el gato lo atrapó
y los mató. ¡Poder del cuerpo, habilidad de la técnica no son nada sin la vigilancia del
espíritu!

Foto mayo 2010

Historia de gallos de pelea

Un discípulo de Lao Tse, Mishotsu, escribió una historia interesante sobre los gallos de pelea:
Un rey deseaba tener un gallo de pelea muy fuerte y había pedido a uno de sus súbditos que educara a uno. Al cabo de diez días le enseñó al gallo la técnica de la pelea. Al cabo de diez días, el rey preguntó: ¿Se puede organizar un combate con este gallo? Pero el instructor dijo: ¿No. No. No.! El es fuerte, pero esta fuerza está vacía, siempre quiere pelear; está excitado y su fuerza es efímera.
Diez días más tarde, el rey preguntó al instructor: Y ahora, ¿se puede organizar esa pelea? No. No. Aun no. Todavía está apasionado, siempre quiere pelear. Cuando oye la voz de otro gallo, incluso el de la aldea vecina, se encoleriza y quiere batirse.
Después de diez dias nuevos de entrenamiento, el rey preguntó de nuevo: ¿Y ahora, es posible? El educador respondió: Ahora ya no está apasionado. Si oye la voz de otro gallo, permanece tranquilo. Su postura es justa, pero su tensión es fuerte. Ya no se encoleriza. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.
Entonces, ¿está listo para un combate? dijo el rey. El educador respondió: “Quizá”. Se trajeron numerosos gallos de pelea y se organizó un torneo. Pero los gallos de pelea no podían acercarse a este gallo. ¡Huían asustados!
Por eso no hay necesidad de combatir. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de madera. Había superado el entrenamiento de los wasa. Interiormente tenía una energia fuerte que no se manifestaba en el exterior. El poder se encontraba desde entonces en él, y los demás gallos no podían hacer otra cosa que inclinarse ante su seguridad tranquila y su verdadera fuerza oculta.