Bushido, los siete principios

busido siete principiosEl Bushido fue redactado por Tsuramoto Tashiro, que recogió las reglas escritas del monje samurái Yamoto Tsunetomo. En el busido encontramos elementos procedentes del zen y del sintoísmo. La formación del samurái era el resultado de varios componentes religiosos, filosóficos y sociales. Será el budismo zen el que vuelva el espiritu samurái fuerte como su espada. El samurái debía demostrar impasibilidad y autocontrol en cualesquiera circustancias, y para esto se entrenaba durante años. Gracias al zen samurái llegaba a adquirir un dominio absoluto de si mismo en casi cualquier situación. El samurái temia que poseer sentido del deber, resolución, generosidad, firmeza de ánimo, magnanimidad y humanidad.

En su forma original, se reconocen en el bushidō siete principios o virtudes asociadas:

義 Gi – justicia (decisiones correctas, honestidad y justicia)

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

勇気 Yuuki – Coraje (valor heroico)

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

仁 Jin – Benevolencia (compasión)

Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

礼 Rei – Respeto, Cortesía (cortesía)

Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.

誠 Makoto o Shin – Honestidad (sinceridad absoluta)

Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de “dar su palabra”, no ha de “prometer”, el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción.

名誉「名譽」Meiyo – Honor

Es la virtud más importante de todas. El auténtico samurái sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es en realidad. No puede ocultarse de sí. En caso de quedar mancillado, la única forma de restaurarlo es mediante el Seppuku o suicidio ritual.

忠義 Chuugi – Deber y Lealtad

Haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Para el guerrero, las palabras de un hombre son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

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Virtudes que debían ser la guía del Bushi

– Rectitud.
– Justicia.
– Valor.
– Audacia.
– Resistencia (no solo física).
– Piedad.
– Cortesía (imprescindible en Japón).
– Sinceridad.
– Honor (en su grado máximo y definitivo).
– Fidelidad.
– Control de sí mismo.

Se podria añadir:

– Modestia, ya que en Japón hay un proverbio que dice: “La espiga de arroz cuanto más madura, más baja la cabeza”, y de hecho el guerrero fanfarrón y pendenciero estaba mal considerado entre los de su clase.

Como comentario a la Rectitud, decir que, el guerrero debía conducirse conforme a la razón, de modo que debía “morir cuando se debe morir, herir cuando se debe herir”, no se veía con buenos ojos al Bushi que desperdiciaba su vida, que corría peligros irreflexivamente, ya que el valor, según Confucio, es “saber lo que es justo, y hacerlo”. Se decía que morir por una causa no digna era muerte de perro; un príncipe de Mito decía que “es fácil hacerse matar penetrando en lo más duro de la batalla, eso puede hacerlo cualquier patán, el verdadero valor consiste en vivir cuando es preciso vivir y morir sólo cuando hace falta morir”. Esta frase resultaba dura y difícil de comprender para algunos Bushi, cuyo desorbitado sentido del honor hacía que buscasen la muerte, tanto por su propia mano como en el centro de la batalla, como expiación de una presunta falta, que su honor no consentía en sí mismo. Bien es cierto que parte de este sentimiento podía ser producido por la vida espartana a que eran sometidos los Samurais desde niños, y debían pasar pruebas muy duras; incluso, y ya que en esa época eran muy frecuentes las ejecuciones por decapitación, se les obligaba a asistir a las mismas y luego, por la noche, se les enviaba a visitar el lugar de la ejecución y como prueba de esa visita debían dejar una determinada marca en una de las cabezas cortadas.