Emperador Akihito

El 7 de enero de 1989 muere Hirohito y asciende al trono su hijo Akihito. La era de Akihito ha sido llamada Hesei (de la paz conseguida), es un emperador preparado universitariamente- cursó sus estudios en la Universidad de Gakushuin, en Tokio. En 1959 contrajo matrimonio con Michiko Shoda y en 1960 nació su primer hijo y sucesor Naruhito.

Para el emperador Akihito el papel que desempeña la monarquía en la actualidad es la de ser el símbolo del Estado y la unidad del pueblo japonés. A pesar de la aceptación de la Constitución por parte de la corona, el Emperador no cree que su papel haya cambiado muchos respecto al de sus antepasados antes de la restauración Meiji.

Naruhito, el heredero de Akihito, nació el 23 de febrero de 1960, y tiene dos hermanos Akishino (príncipe Aya, casado y padre de dos niñas) y Sayazo (princesa Nori, quien permanece soltera). El príncipe Naruhito (también llamado príncipe Hiro) entró en la escuela Gakushuin a los seis años y continuó sus estudios en el extranjero en la Universidad de Oxford y en Merton (en esta ultima estudió historia).

El príncipe Naruhito contrajo matrimonio con Masako Hisashi Owada, joven diplomática. Masako trabajaba en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón cuando conoció al príncipe, entre sus funciones estaba la de ser interprete de figuras extranjeras que visitaban Japón.

Después de muchas dificultades para concebir (con un embarazo interrumpido) en 2001, la Casa Imperial anunció por fin el embarazo de la princesa.

En 2002 nació la pequeña Aiko (nombre escogido por el emperador Akihito, ya que le pertenece el privilegio de escoger el nombre del recién nacido). Por las dificultades en la concepción y por haber nacido mujer, en Japón se ha abierto un debate acerca de la posibilidad de que la pequeña princesa pueda algún día ascender al trono, si es que sus padres no procrean un varón.

Se dice que la pequeña princesa sería la primera mujer después de 2600 años en ascender al trono japonés. Los juristas se muestran a favor de que la constitución se reforme en ese sentido y permita el ascenso de una mujer al trono

El Emperador japones

El Emperador de Japón  “soberano celestial” es el símbolo constitucionalmente reconocido de la nación japonesa y de la unidad de su pueblo. Es la cabeza de la familia imperial japonesa, la familia real del Japón. La residencia del emperador japonés es el Palacio de Kōkyo, localizado en el centro de Tokio, desde mediados del siglo XIX es la residencia oficial del Emperador. Anteriormente los emperadores residían en Kioto.

Aunque el emperador haya sido un símbolo de continuidad con el pasado, el grado de poder ejercido por el emperador de Japón ha variado considerablemente a lo largo de la historia japonesa.

Se considera que los más antiguos emperadores registrados en Kojiki y Nihonshoki, como el Emperador Jimmu, no tienen credibilidad histórica. El primer monarca ahora en lista como emperador que es generalmente reconocido por los historiadores como existente históricamente fue el Emperador Ojin, pero el tiempo de su reinado es impreciso (presumiblemente fue el siglo IV d. C. tardío y/o en el comienzo del siglo V d. C.). Estos dos libros declaran que la casa imperial mantuvo un linaje continuo, aunque hoy algunos historiadores creen que muchos emperadores antiguos que se decía eran descendientes del Emperador Ōjin no tenían una conexión genalógica con su predecesor. Sin embargo, la genealogía que inicia en el siglo V tardío puede ser considerada como fiable, lo que quiere decir que la dinastía ha continuado por lo menos unos 1500 años.

Desde fines de 1100 a 1867, el poder real estuvo en manos del shōgun, cuya autoridad provenía, en teoría, directamente del emperador. Cuando los exploradores portugueses llegaron por primera vez a Japón  “período Nanban”, consideraron la relación entre el emperador y los shogunes como la del Papa (de raigambre divina, pero con poco poder político) y el rey (terrenal, pero con un amplio poder político), aunque esto es en cierto punto inexacto ya que, como el Emperador, los Papas han manejado distintos grados de poder a lo largo de la historia.

La Restauración Meiji fue, de hecho, una especie de revolución, con los dominios de Satsuma y Choshu uniéndose para derribar al Shogunado Tokugawa. El Padre del Emperador Meiji, el Emperador Komei, comenzó a hacer valer su poder político luego que las naves del Comodoro Matthew Perry visitan Edo. Para principios de 1860, la relación entre la Corte Imperial y el Shogunado había cambiado drásticamente. Irónicamente, Komei levantó la voz contra el Shogunado dado que él y otros nobles estaban molestos ante la ineficacia del Shogunado en expulsar a los intrusos bárbaros. Dominios insatisfechos y rōnin comenzaron a reunirse bajo el lema “sonno, joi,” o “respeta al emperador, expulsa a los bárbaros.” Satsuma y Choshu usaron este alboroto para moverse contra el enemigo histórico, y obtuvieron una importante victoria militar en las afueras de Kyoto contra las fuerzas Tokugawa. En 1868 se declara la “restauración” imperial, y el Shogunado fue despojado de sus poderes.

Sin embargo, los modernistas de la élite japonesa se dieron cuenta que los llamados al “joi” eran surrealistas. Si los extranjeros no podían ser expulsados, concluyeron que Japón debía volverse una nación fuerte y moderna para evitar el destino y las humillaciones que sufrían las otras naciones orientales. Otros tenían el propósito de expandir el territorio japonés más allá de las fronteras para la gloria del emperador, y muchos fueron atraídos por los idelaes de la Iluminación occidentales. Mediante la constitución de 1889, el emperador de Japón transfirió gran parte de sus antiguos poderes como monarca absoluto a los representantes del pueblo, pero permaneció como cabeza del imperio. Aunque inspirada en las constituciones de Europa, la nueva Constitución Meiji no fue tan democrática como muchos esperaban. Al emperador se le dieron amplios y vagos “poderes reservados” que a su turno eran explotados por el primer ministro y por varios camarillas alrededor del emperador. Para 1930 el gabinete japonés estaba mayoritariamente compuesto por líderes militares seudo-fascistas que usaron al emperador y su supuesta divinidad como un punto de partida ultranacionalista para la expansión del imperio. Cuando estalló la II Guerra Mundial, el emperador era el símbolo por el cual los soldados peleaban y morían. El mismo emperador estaba fuera de la vista, sin embargo su rol durante este período es discutido.